DONDE CASI AMANECE, RAÚL CAMPOY GUILLÉN

Recibimos al poeta madrileño Raúl Campoy, autor de un nuevo poemario "Donde casi amanece"  que lo presentará el próximo viernes a las 7,30 horas,
Enrique Gracia Trinidad nos habla sobre el libro  'Donde casi amanece'

La poesía de Raúl Campoy tiene la ineludible y generosa pretensión de la mejor poesía: exigir al lector que se convierta en su cómplice. A los buenos lectores, quiero decir. Los pasivos, los poco avezados, los devoradores de novelas de moda que pululan por la sección de novedades de los grandes almacenes no tienen nada que hacer en estas páginas.
Y es que un buen libro de poemas —este lo es—, tiene muchas vidas posibles: la del autor, que en este libro se deja ver sin agobio pero intensamente; la de los protagonistas de cada poema, que a veces tan sólo son remedos del poeta, álter egos, suplentes de ocasión del escritor o de cualquiera de nosotros, y la de cada lector que son una y muchas vidas y que se multiplican como la realidad en los espejos enfrentados.
Campoy es consciente de todas estas cosas, como lo es de la necesidad de alcanzar una voz personal, única, que puede convertirse en universal. Así, su voz privada y múltiple nos lleva de una emoción a otra, de un rincón a otro de nuestra propia vida, nos zarandea, nos obliga a poner un poco de nuestra carne en el asador porque él la ha puesto toda primero.

Conocía su primer libro, Los dientes del reloj (Ediciones Atlantis, Madrid, 2008), hace poco y me faltó tiempo para escribirle una nota. Lleno del empuje y la vehemencia propios de su juventud, ya daba las señales inequívocas que me hacen confiar a ciegas en un poeta.

Cuando leí afirmaciones como “vivimos de ficciones / y nos alimentamos de verdades pasajeras”, cuando me contó que la mesa le hablaba de soledad, cuando alzaba su voz: “grito en apnea para aquel adolescente que vio toser los ojos de su madre”, supe que todo estaba donde debía estar, que aquel joven recién conocido a fondo, debía ser leído con devoción y sin excusa ni demora. He dicho “conocido a fondo”. Créeme, amigo, a un buen poeta, contradictoriamente, siempre se le conoce a fondo al mismo tiempo que se le desconoce. Y eso pasa con Raúl Campoy: uno se acerca a él a la vez que se aproxima a uno mismo, que es una forma de alejarse de todo.

No es un galimatías cuanto digo, sino la constatación de lo evidente, la pura, dura y magnífica condición de la poesía: su dualidad, su multiplicidad, su condición íntima y personal y al mismo tiempo ingente.

En este libro, Donde casi amanece (Editorial Celya, Salamanca, 2010) , amanece de veras —perdóname, lector, el juego de palabras—, la realidad se hace diáfana, se recorta frente a nosotros como cuando de madrugada la ciudad empieza a mostrar perezosa y brillante sus contornos. Raúl Campoy va desde la pérdida a la ganancia, desde la confusión a la conciencia, desde la visión insegura de la realidad a la esperanza y el miedo que se abrazan en el futuro.

No se concede tregua, no renuncia a nada, no se apropia de la verdad pero tampoco la rehuye. Ejerce el título arriesgado, la imagen sorprendente y personal, la pregunta vital, el desconcierto del lenguaje, el neologismo, la voz clásica de quien conoce la tradición y la modernidad de quien vive su tiempo.

No te va a dejar indiferente este libro, amigo, y si lo hace es que estás muerto o lo has tomado en tus manos en el momento inadecuado. Léelo despacio —la poesía siempre hay que leerla despacio y poco a poco—, porque su condición es exigente, dura, descarnada incluso, siempre arriesgada: Eso no es malo. El extraordinario poeta Enrique Valle siempre repite que lo que quiere de un poema es “que le deje hecho polvo” y tiene razón. Sólo cuando un poema, unos versos, un libro, nos descolocan y nos sacuden el ánimo, merecen la pena. Hay que arriesgarse o desistir, la indiferencia en poesía es similar a la muerte. Este libro cumple con creces estas condiciones, no te deja indiferente nunca; hay mucha vida en él, mucha experiencia pese a la juventud de su autor, mucha razón para vivir a pesar de que preguntas y dudas se asienten en sus interrogantes e incluso mucho más en sus afirmaciones.



Miedo,

miedo de volver a colgar la luna

en una rama

y no en la cacerolilla

de tu oreja

que tanto escucho oír

con su cartilaginosa elegancia,

amor.

Qué somos?

Y para cuándo?

Y para quién?

Ya ves, querido lector, este poemario no va a dejarte ni un momento de reposo. No sería buena poesía si lo hiciera. Felicítate por tenerlo en las manos, eres hombre o mujer con suerte. Raúl Campoy abre su pecho descarnado para que tú mires el tuyo, confiesa alegrías y tristezas para que tú caigas en la cuenta de que también son tuyas, alza su existencia para que tú sepas que existes más allá de lo vulgar y lo cotidiano, en la frontera terrible y gozosa de la emoción.


Enrique Gracia Trinidad

Raúl Campoy Guillén, diplomado y licenciado en fisioterapia y osteopatía. Ha publicado Los dientes del reloj y Donde casi amanece. Algunos de sus poemas se reflejan en revistas literarias como Mester de Vandalía, El cuervo, Ves Arte, The children,s book of american birds, Cubarte (Festival de poesía de La Habana)..., en el cuaderno Vitola de Anaïs y en la antología Nueva poesía y narrativa hispanoamericana.

EL HECHIZO DE LA MUJER DRAGÓN, GINÉS VERA

Ginés Vera, presentará el próximo jueves día 31 a las 20 horas su libro de relatos "El hechizo dela mujer dragón", veinticuatro relatos de intriga que se suceden a ritmo vertiginoso por su brevedad en la que los personajes, la mayoria cotidianos, se ven enfrentados al destino y a si mismos sin advertir que como en la propia vida, el tiempo juega con ventaja


"Durante semanas, el sueño me huía, despertaba angustiado entre sudores con la imagen de la muchacha. Los ojos clavados en mí desde un abismo oscuro como mi alma,. Evité viajar durante largo tiempo y, cuando lo hice, huí del bosque como de la presencia del mal, sabiendo que éste habitaba en mí.

con las lluvias del otoño los caminos se volvieron intransitables, mi caballo se detenía a menudo, demorándome en mis compromisos. Me vi forazado así a cruzar el bosque una tarde con el ocaso a la espalda. La maleza estrechaba el sendero con varios troncos cruzados, que me obligaron a vadearlo con el temor atenazándome a cada paso. Noté que mi caballo cojeaba y me detuve, en tanto una fina lluvia se unió a mi desazón. Su herida me obligaba a continuar a pie el resto del viaje. La lluvia arreció y, con ella, la sospecha de que unos ojos me vigilaban. Nadie más en el camino, pero el bosque retenía un pesado silencio, como el preludio de un rayo. ()"




(Fragmento de "La Muchacha", extraído de "El Hechizo de la Mujer Dragón", Ginés Vera)


GÜRTEL & COMPANY (UNA SERIE VALENCIANA) de ALFONS CERVERA

PRÓXIMAMENTE, EN ESTA PLAZA
Vivimos en una democracia demediada, en la que la corrupción se ha extendido más allá de lo que podía imaginarse -por mucha imaginación que se tuviera- en aquellos años de esperanza, cuando esa democracia se esculpía a fuerza de carreras y de recibir porrazos. Pero así son las cosas: esta democracia blanda, enfermiza, padece entre otros males el de la corrupción. Y si se habla de corrupción, la Comunidad Valenciana está en su epicentro. No es que en otros lugares no la haya, pero en ninguno se muestra con tal nivel de desfachatez, ni con la apariencia de impunidad con que se viste en tierras valencianas.




El caso Gürtel tiene ramificaciones por toda -o casi toda- España, pero sólo aquí ha alcanzado de lleno a las más altas instancias políticas, con su gobierno presidido por Francisco Camps a la cabeza. Unas instancias y un gobierno, además, que evidencian podredumbre en todos sus flancos: Carlos Fabra en Castellón, José Joaquín Ripoll en Alicante y Camps como presidente del PP y de la Generalitat han sido ya imputados de graves delitos. Tres provincias anegadas por la miseria moral y un apetito económico que -si nos atenemos al incalculable gusto por el lujo derivado de los regalos obtenidos por los políticos y familiares del PP valenciano a cargo de la trama Gürtel- ponen los pelos de punta.



Alfons Cervera, principalmente desde las páginas del periódico Levante-EMV, pero no sólo, ha venido siguiendo y denunciando en sus artículos de Opinión el cáncer del cohecho y el tráfico de influencias, los negocios sucios, las tramas mafiosas que se han asentado en la Comunidad Valenciana con innegable desparpajo. Fruto de ese seguimiento, Gürtel&Company (Una serie valenciana) constituye la crónica indignada de una situación que ha provocado que, según todas las encuestas, los españoles señalen a la clase política como uno de los grandes problemas que agobian a este país.

Acontinuación tenéis un adelanto del último ¿último? capítulo del libro. Hagan sus reservas.




HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO



Los mejores finales son los finales abiertos. Eso dicen. Cuando nos levantamos de la butaca en un cine, la película que acabamos de ver seguirá viviendo fuera de la pantalla y en las vueltas y revueltas que le vayamos dando en la cabeza. La palabra fin que cierra las páginas de un libro no es más que una hilera de puntos suspensivos que como en los viejos tebeos de la infancia anuncia que la historia continua. Aquí llegan esos puntos suspensivos. Dije muchas veces antes de ahora que Gürtel&Company. Una serie valenciana sería un libro inacabado. Y lo es. Ahora mismo nos quedan muchas certezas sobre el entramado mafioso de una corrupción que va más allá de la sola corrupción política y aún más incertidumbres. Estamos a viernes, 18 de febrero de 2011, y las posibles direcciones, tan abiertas como este libro, se bifurcan hacia incógnitas casi ilimitadas. En marzo o abril, el juez Flors dictará si sienta o no a Camps en el banquillo de los acusados y en qué fecha sucederá esa circunstancia. Las elecciones del 22 de mayo seguramente dejarán para la historia, con bastante seguridad, un dato inexplicable: el ganador será un imputado por un delito de soborno continuado con la fecha del juicio apuntada en su agenda.



Estoy convencido de que si Camps se sienta en el banquillo allá por el otoño, será condenado a la pena de multa que contempla el antiguo Código Penal. Si se le juzgara desde el articulado del actual, la pena podría haber acarreado también la entrada en prisión del presidente. La posibilidad de que dimita en algún momento del proceso queda en el aire. Sobre todo porque hablamos de un individuo que está desde hace mucho fuera de la realidad y sus comportamientos hace tiempo que sólo tienen que ver con lo estrafalario. También queda otro paisaje no descartable: que Rajoy salga de su ensimismamiento y presionado por María Dolores de Cospedal, Esteban González Pons y otros cuadros del partido aparte de un manotazo al presidente díscolo. Perder, en ese caso, no perdería nada y siento que esto suene a buen consejo de enemigo, un consejo que no es mío sino de las encuestas que aseguran otra victoria más de la derecha en un territorio tradicionalmente de izquierdas como el mío. Pero es lo que hay. Por otra parte, el PP valenciano -no sé si el PP de todas partes- es fiel al jefe hasta la enfermedad. Lo fue a Zaplana mientras el hoy alto cargo en Telefónica conservó su mando en plaza y lo es a Camps porque sigue siendo el padre de familia a pesar de los pesares que le aquejan desde que apareció públicamente el asunto de los trajes y todos los demás -mucho más graves- que le esperan en el calendario de imputaciones. Si en vez de Camps es otro el candidato en las elecciones del 22 de mayo, todo el partido se pondrá a sus órdenes para lo que el nuevo líder decida ordenar.



En cualquier caso, y sean cuales sean los resultados últimos de estas elucubraciones, el libro que ustedes tienen en las manos se acaba aquí