ELOY SÁNCHEZ GUALLART Y CARLOS IZQUIERDO

Dos poetas con sus primeros poemarios, estarán el día 18 jueves a las 20 horas en la librería Primado para presentarnos sus libros

El castellonense, nacido en 1963, Eloy Sánchez Guallart,  leerá, "Manifiesto asténico"  de la nueva editorial Urania, y Carlos Izquierdo el poemario premiado con el Joaquín Benito Delucas  2011  "Cuaderno de instantes" 



Revoluciones pendientes

Él agrimensor, ella antropóloga, 
de jornada laboral inexistente 
y precario equilibrio en los andamios, 
descubrieron en el Facebook 
una amistad magnética 
largos años larvada 
por el muro 
de un insondable silencio y la distancia 
que recrean en las vidas los demiurgos. 
Sus emóticos iconos respectivos, 
avatares de un milenio en fase oral, 
pintaron amarillos en sus labios 
y antes de que la revolución ya fuera un río 
al que llenan de clamor las avenidas, 
ellos: 
licenciada antropóloga en paro, 
titulado agrimensor becario en fuga, 
desmontaron el lenguaje de las grúas 
y allí mismo, 
con la perspectiva del cambio pintando de utopía las pancartas
y el amor animal rebuscando en los bolsillos,
les atrapó una marea sin permiso, 
con sus muslos tan firme 
mente enlazados 

como cadena humana frente a la Corporación    







Carlos Izquierdo (Valencia, 1973). Abogado, poeta, inició en el año 1991 la Tertulia Cuadrante, que desarrolló una intensa actividad cultural en el entorno universitario valenciano de los noventa. Escritor independiente, estuvo alejado de los círculos literarios hasta que en 2009 empieza a participar en las actividades de la Asociación Poética Caudal. Tiene escritos varios poemarios inéditos, siendo Cuadernos de instantes (donde se recoge este poema) el primero que ve la luz gracias alPremio Joaquín Benito de Lucas 2011. Otros títulos son Los versos del insomnio, Éxodo, Volumetría de una nube Los cuatro elementos.


DEBE SER NIÑO PORQUE PINTA (2011), Carlos Izquierdo (Valencia, 1973)


Debe ser niño porque pinta
las láminas del cielo con colores imposibles.

Con manos húmedas de luz los va extendiendo
sobre el fondo silencioso de la tarde.

Estas texturas sugieren manotazos
rebosantes de pintura y de infinito.

Y una lámina tras otra las arranca
para emborronar otras nuevas sin límites absurdos.

Para mezclar incansable los ocres, los dorados, bermellones...
y dejar goteando un fuego en la retina.

¿A quién ofrecerá estas abstracciones imposibles?
¿Hacia quién está extendiendo sus brazos infantiles?

Porque debe ser Niño y mi certeza
mi certeza es la de ser su garabato en esta esquina.


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