MORIR DE AMOR, JORGE VAJÑENKO

-En la feria del libro, hay muchos momentos para leer, momentos breves, pero que permiten acercarte al tipo de literatura intensa, sucinta, a veces divertida, de los relatos, y de entre la abundante oferta de la caseta destaca un libro de Jorge Vajñenko, Morir de amor y otros cuentos, 29 relatos desiguales, variados, de lo que a menudo calificamos como literatura de evasión, esa que viene a rellenar ese tiempo de espera. Aqui teneis un boton de muestra.

-Pintó la fachada de negro, las rejas, las ventanas y la puerta de roble. No le pareció suficiente. Eliminó el jardín, lo reemplazó por una carpeta de alquitrán ennegrecido como su existencia. Quien pasase por esa calle sabría, sin duda, que en la casa azabache habitaba un famoso pintor que una vez amó, que una vez fue amado. Su memoria no podía precisar si primero ella se marchó o antes lo invadió ese estado de tristeza y temor, miedo irracional y desánimo causando su ida. Junto a la mujer desapareció su sonrisa, la luz de su savia y de su obra. No le pareció suficiente. Pintó las paredes de luto, los techos, las estatuas de mármol blanco y los suelos. Sus cuadros se repetían, sobre un lienzo tiznado sólo pintaba una nube tan lóbrega como su melancolía. Su bazo, estimulado por Saturno, producía innúmeras cantidades de bilis negra arrastrándolo a una inconsciente laxitud. Cambió su perro por un cuervo que sobrevolaba la casa constantemente recordándole la negritud de su alma. No le pareció suficiente. Sustituyó los muebles. Mesas, sillas, sofá, tapicerías. Todo el interior paso a ser oscuro, incluso la luz. Los cortinados, otrora de ligero voile, se convirtieron en pesados terciopelos absorbentes de claridad. Lo asaltó un estado de insomnio crónico. Ella era sus musas. El rostro de sus vírgenes, de sus ángeles, de sus sentimientos y de su esencia. De sus ojos plagiaba el color para dar vida a sus cuadros. No le pareció suficiente. Despidió al servicio y contrató un enano, eunuco y senegalés, con el único objeto de mantener llena de pintura negra la inmensa bañera de mármol bruno del cuarto de baño y una botella de absenta junto a su caballete. En torno a aquel hombre corpulento de tez agotada, pies como macetas, pronunciada panza y calvo, se estaba creando un aire de misterio y soledad que únicamente ella, muy lejos de ahí, de pie, desnuda, frente al amanecer en una habitación azul, semivacía, de un cuarto de hotel en el desierto podría comprender.
Observó su autorretrato despojado de todo ropaje, sentado en un rincón. La cabeza inclinada, apoyada sobre la mano entre la mejilla y el oído, la mirada triste y absorta hacia abajo. Cogió la obra y la depositó suavemente en el rincón donde se gestara. La única estancia de toda la casa en que aún habitaba la luz. Bebió de un trago la absenta que quedaba en la botella. Arrastrando los pies camino del cuarto de baño sintió los setenta y dos grados perfumados de anís deslizándose por la garganta. Con el estómago abrasado se paró frente a la enorme bañera llena de bilis negra. Metió un pie, lentamente el otro. Se arrodilló en el viscoso humor. Lloró. Se acostó boca arriba, cerró los ojosy se sumergió. Le pareció suficiente.

2 comentarios:

  1. Recomiendo este libro que se lee de un tirón y que da pena finalizarlo. Destaca la originalidad de los cuentos y su impecable redacción.

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  2. Que buen relato!!

    También recomiendo el libro, por su diversidad y originalidad, entre otras muchas cosas...:)

    Gracias Jorge Vajñenko
    Ana

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