DIAGONAL Nº 93


El periódico quincenal Diagonal, se consolida como un buen ejemplo de lo que se puede hacer desde la prensa no subvencionada, y basada en el trabajo colectivo, cuatro años y creciendo, el esfuerzo titánico les ha llevado a la cifra de 4.000 suscriptores, 12,000 ejemplares de cada número, en la librería crece el número de lectores, otra información, otra visión, que no se encuentra en la prensa oficial, el mayor reconocimiento se debe sin duda al empeño por informar con rigor, hablar de lo que no se habla, se ha ganado el favor del lector harto de tanta manipulación informativa. Podéis visitar su web http://www.diagonalperiodico.net/ . Como aperitivo os adelanto el inicio de una entrevista que aparece en el último número, el 93, el entrevistador Alberto García-Teresa, poeta, nos visitará próximamente, el entrevistado Matías Escalera ya forma parte de la nómina de amigos entrañables de Primado.
Matías Escalera, filólogo ligado a proyectos editoriales y culturales de transformación social, analiza en esta entrevista el estado de la cultura y el arte actual, ha coordinado el volumen ‘La (re)conquista de la realidad’, en el que colaboran novelistas, poetas, dramaturgos, profesores y editores.
DIAGONAL: Pregunta Alberto García-Teresa: ¿En qué estado se encuentra y para qué, y a quién, sirve la cultura actual?
MATÍAS ESCALERA CORDERO: Para comprender el estado de la cultura actual (entendido que estamos hablando del conjunto de instituciones sociales y manifestaciones artísticas y literarias, en el más amplio sentido del término, de todo aquello que la mayoría entiende hoy cuando oye la palabra ‘cultura’), sólo hay que mirar a nuestro alrededor, ver la televisión, ir al cine o al teatro, leer lo que se publica e inunda los escaparates de los supermercados del libro, etc. Carnaza hortera y distraída; magro espectáculo y mercancía en que el envoltorio vale más que el contenido... Tomemos, por ejemplo, el caso de los suplementos culturales de las distintas familias mediáticas, en los que cualquier atisbo de disidencia se castiga con la exclusión. O repasemos la ‘programación de festejos’, festivales, festivalitos y ‘centenariazos’… Tomemos el caso paradigmático de nuestro clown oficioso, Sánchez Dragó, a su numerosísima y sonriente comparsa, lo más granado de nuestra ‘cultura’, que ríe sin reparo alguno sus monsergas mostrencas y arbitrarias, pues el objetivo es ‘salir en televisión’, sea como sea, ya que, si no ‘sales’, simplemente no existes. Y no es que sean estúpidos, que no lo son, es que quien participa del espectáculo debe doblegarse y aceptar las normas impuestas por los dueños del circo, sean bebidas refrescantes, patrones políticos y mediáticos o banqueros. Es la ley del capital, y punto. Enfrente, hallamos una ‘cultura’ crítica minoritaria y dispersa, que pugna por materializarse, fragmentada y fragmentaria, encadenada, a menudo, a discursos circulares y herméticos, más atentos a la defensa de parcelitas de poder residual universitario o político, y a la rentabilización de pequeños montantes de capital simbólico, que a su eficacia práctica; ajena, por tanto, a la realidad real, y ciertamente autista con respecto del país y la sociedad en que se da; o que trata, otras veces, de reproducir a pequeña escala los mecanismos ‘empresariales’ de productividad y lucro capitalistas, con resultados más bien patéticos.
D: En alguna ocasión has dicho que la cultura actual está “vacía”.
M.E.C: Es el término que mejor define el panorama que acabo de esbozar. Y junto al “vacío abisal” –como lo definió Eduardo Mendoza–, la absoluta irrelevancia e inconsecuencia de los actos y de las palabras: ésta es la condición de los actos humanos en el capitalismo avanzado; y ésa es la condición de los actos culturales integrados en el ‘espectáculo’ mercadotécnico. Por eso, todo equivale a todo, lo nimio y lo trascendente, en las tertulias mediáticas, en los suplementos culturales o en las políticas institucionales; y, por eso mismo, algunos abogamos (y, desde [el libro] La (re)conquista de la realidad, lo intentamos), por una literatura, un teatro, un arte, con consecuencias, que entre en contradicción con la realidad, y que de hecho nos obligue a entrar en contradicción con ella.
D: En tu poemario Grito y realidad especificas, sin embargo, que “la poesía es un arma descargada y en desuso”.
M.E.C: Y no lo es en verdad. La poesía (como la novela, el cine o el teatro) por sí misma no basta, no es un arma, como pretendió y soñó Celaya, en tiempos de sueños y de pretensiones irresistibles y acuciantes… No es un arma, pero sí puede ser el inicio del camino para la toma de un arma, cualquiera que ésta sea, que cambie de modo efectivo la realidad; o la canción que acompañe su uso… La poesía no cambia la historia, pero sí la acompaña. Y eso es lo que trato de hacer con la mía, acompañar –literalmente– a mis ‘compañeros de trabajo’ (aquéllos que han renunciado a infligir sufrimiento a los demás) y arrastrar con ellos “sus silencios y su propio sufrimiento”, como quería el protagonista de la monumental y bellísima novela La estética de la resistencia, de Peter Weiss.

2 comentarios:

  1. Querido Miguel, esplendida entrada que nos dirige a las declaraciones, siempre interesantes de Matías.

    Un abrazo, Antonio.

    ResponderEliminar
  2. Gracias, Miguel, por considerarme un amigo de entre la extraordianria nómina de amigos de tu librería.
    Un abrazo y un saludo a todos ellos.
    Matías Escalera

    ResponderEliminar